lunes, 28 de septiembre de 2009

Algo más que la noche de Singapur


Foto: www.reta.eu

#yoconfieso que esta vez no vi la carrera en vivo. Antes de ver la grabación del Gran Premio de Singapur, pregunté qué tal había estado. La respuesta fue: “No hubo mayor cosa”. Después de ver la carrera, descubrí que eso no era totalmente preciso: la decimocuarta fecha del año marcó el primer podio del año para Fernando Alonso, el primer abandono del año de Heidfeld, un retroceso de Ferrari, la confirmación del poder de McLaren, el intento fallido de Red Bull de volver a pelear con Brawn, y el hecho de que este último equipo, de a poco, consolida sus aspiraciones a ambos campeonatos.

Sin embargo, ese “no hubo mayor cosa” me hizo pensar en algo: qué elementos hacen que una carrera se considere buena. Para mí son los sobrepasos, las estrategias que permiten mantener o ganar posiciones, el caos y la improvisación que demanda un auto de seguridad o la lluvia, el suspenso de una llanta desgastada o un motor que se está rompiendo y, sobre todo, aquellas contradicciones a la tecnología que plantean los factores humanos, ya sea a través de errores, riesgos tomados, iras, genialidades, etc.

Esto me llevó a considerar qué imagen me quedó de Singapur y esta fue un collage de postales increíbles del circuito en la noche y todo el lío de la salida de Flavio Briatore de Renault por el choque provocado de Piquet en el mismo gran premio del año pasado. De nuevo sentí que los líos de fuera de pista, y en este caso la promoción turística de Singapur, opacaron lo deportivo.

Creo que cada gran premio tiene una personalidad y que ésta la componen varios elementos: el diseño del circuito (características y qué demanda tanto al piloto como al auto), las posibilidades de sobrepaso que ofrece, la historia de sus sectores (como el muro de los campeones del circuito de Canadá), el clima y el puesto en el cronograma del campeonato. Por ejemplo, no recuerdo una carrera aburrida en Interlagos o Hungría.

Al Gran Premio de Singapur aún le falta historia para que su personalidad esté definida por algo más que el ser la única carrera nocturna del candidato y haber sido el escenario de uno de los episodios más vergonzosos de la Fórmula 1. Hasta tanto, y mientras espero que los circuitos con personalidad ya definida no sigan desapareciendo del calendario, creo que me quedo con la pista iluminada surcando entre los rascacielos de Singapur y esta gigantesca rueda moscovita.

(¿Qué personalidad le dan a cada circuito?)

1 comentario:

  1. En eso, precisamente, la fórmula uno se asemeja con la literatura. Para que atrapen al lector o espectador, para que lo hagan caer en su trama y cadencia, para consideralas como "buenas" (obras y carreras), debe haber una alta dosis de caos, conflicto, turbación, incertidumbre, confusión, azares. Y, en consecuencia, poca o nula dosis de simplicidad.
    Saludos!
    Piero S.

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